Cuando pienso que podemos llegar a ser unidad, todo vuelve a desvanecerse. Volvemos a ser dos.
Mi cabeza tanto tiempo pensando, analizando, soñando; y mi imaginación lo hacía realidad. Hacía realidad esas imágenes que jamás veré ni viviré. En las que todo está bien, todo es normal. En las que sentimos lo mismo, vemos todo de la misma manera, en las que soy feliz por estar junto a ti. Pero esas imágenes nunca llegan, no llegan. Y mi mente, mi cuerpo, se desesperan. Me rindo, me rindo entera. Me rindo a seguir con algo sin dirección, sin sentido, sin apoyo.
Y oigo tu nombre aquí y allá, lo veo por un lado y por otro, y todo se complica. Todo empeora, todo cambia. Y nadie puede arreglarlo, nadie puede evitarlo. Y mucho menos, nadie puede aguantarlo.
Llega un momento en el que todo el peso de tanto tiempo te aplasta, te puede; a mí ya me puede. No consigo entender, avanzar; estoy estancada, sin ánimos, sin ganas. Con todo en dudas, con todo oscuro. Con interrogantes a cada paso que das, a cada paso que doy. Con inseguridades, con miedos y ruegos. Con lágrimas y temores. Con sustos, con sueños.
Y finalmente tanto en mis pensamientos, en mi mundo como en la realidad, todo termina siendo dos. Todo pasa de una unidad, una persona, un sentimiento, una situación, un momento; a dos caminos, dos direcciones, dos pensamientos, dos sentimientos [...]



