Y me despierto, desolada, cansada. Otro día ha pasado. Otra historia mal acabada.
Deseos de tenerte tengo; escucharte quiero. Sentirte a mi lado sin miedo. No con esperanzas o con sueños, solo con lo que sintamos ahora, tú y yo. Mi querer, tu padecer; mi soledad, tu temer; mi necesidad, tu necesidad. Nosotros. Sin nadie más.
En la noche oscura, entre tus brazos, sintiendo tu respiración. Cada día. Por qué no poder. Por qué negarlo. Por qué evitarlo. Por qué pararlo. Rabia de mí sale, te busca, busca vengarse, desaparecer, busca olvidar, seguir adelante. Y mi cariño le frena, le para, le ata; le calla y le deja sin decisión, tomando él el control acerca de ti, acerca de mí, de nosotros.
Ni el dolor más inaguantable cambiaría a mi cariño de seguirte allá a donde vayas. Él existe por ti. Tú lo creaste, tú lo mantienes. Mi cariño no busca un ahora, no busca un beso de buenos días, un te quiero al dormir; no busca una cena romántica, no busca un camino de flores, de bombones, de enamoramientos ni de cursiladas innecesarias.
Mi cariño busca aquello que tú le des. Aquello que tú eres, y a quien quiere. Busca tu ayuda, tu apoyo, tu deseo, tu pasión, tus miradas, tus abrazos, tu voz, y tu sonrisa. Mi cariño no busca comprometerse, no busca encerrarse en una cápsula junto a ti, no busca dejar de lado a la experiencia, a la fiesta, a la alegría, a la gente. Mi cariño busca compartir contigo esas alegrías, compartir contigo mis hazañas, mis manías, mis miedos, mis llantos, mis logros, mis deseos, mis ilusiones y mis pérdidas. Busca en ti la compasión, el apoyo, la amistad. Esa amistad que me das, a pesar de todo.
Pero en ti, se apodera el miedo y no ese cariño. Se apodera el miedo ante las decisiones. Ante el futuro, ante ti y ante mí. En ti, es el miedo quien ata al cariño, lo hace callar, le manda, le obliga a guardar silencio, a no actuar. En ti, el miedo te supera, y deja el cariño en lo más hondo, tan difícil de sacar, de rescatar, de conseguir. Mi cariño rescató al tuyo por un tiempo de esa oscuridad, de ese silencio, de ese miedo. Por un tiempo, tu cariño se apoderó de tu miedo, y los dos huyeron del pasado y futuro, y solo pensaron en el presente, en el ahora, tú y yo. Pero tu miedo ha vuelto a gobernar sobre ti, hundiendo al cariño, a esos abrazos, esos besos, esa pasión, ese deseo. Ha vuelto a gobernar, dejando a mi cariño por el camino, sin poder decidir, opinar, rescatar.
Mi querer, tu padecer; mi soledad, tu temer; mi necesidad, tu necesidad.
Nosotros.
Sin nadie más.
Entre más palabras, menos significado;
así que no diremos nada en absoluto.
Tu silencio y mis gritos,
problemas que no pudimos solucionar.
Estos kilómetros de recuerdos,
parecen haber perdido su belleza.
Porque ahora que he amado
y ahora que he perdido,
lo que siento adentro es que Shakespeare mintió.
Porque no valía la pena este precio
de todos esos lugares que no puedo visitar.
Sólo son un recordatorio de nuestro tiempo juntos.
Si el tiempo cura, yo no estoy envejeciendo.
He estado aquí tanto tiempo.
No puedo evitar temblar.
¿Y si Romeo no hubiese amado a Julieta tanto?
Entonces él seguiría con vida.
Y si tú no te hubieses rendido,
entonces no estaría atorada en esta tragedia.
Y podría haber sobrevivido.