Porque las personas vienen y van.
Sí, te sirven. Sí, les sirves.
Sí, te dan cariño, o alegrías, o momentos únicos quizá.
Sí, les das lo que eres. Compartes tu vida incluso cuando ellos evitan la suya.
Cambian, cambias. Todo cambia.
Y les enseñas, algo por mínimo que sea.
Y te enseñan, inspirándote o dejándote sin importancia alguna.
Y te enseñan, inspirándote o dejándote sin importancia alguna.
Por ello todo consiste en ver, mirar, aprender y seguir. Con o sin ellos.
Pero siempre contigo mismo.
Siempre con tu cable a tierra.
Siempre con tus propias manías, miedos o alegrías.
Siempre con tus vicios y ascos; con tus gestos y caricias.
Y vivir aprendiendo del todo y de la nada.
De la falta y de la abundancia;
de lo tuyo y del resto.
Por ello, haz todo, y no dejes nada:

