viernes, 7 de junio de 2013

Dophin.

Cabezota como ella sola, y masoca a más no poder. Es especial. Es tan distinta y parecida a mí. 
Nunca nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que lo perdemos, tanto las cosas buenas como las malas. 
Si perdemos una cosa buena, nos cuesta asimilarlo, y ni lo queremos pensar. Pero cuando te das cuenta de que aquello era malo, sonríes, no por felicidad, si no por lo estúpida que fuiste al perder el tiempo con alguien así, o con una cosa tan inútil. Y te das cuenta, de que en verdad hay mucho más ahí fuera, y que tienes que experimentar, encontrar. Y yo te he encontrado a ti. A ti. 

Me hace gracia pensar lo que nos parecemos. 
Somos cabezotas. Listas pero tontas. Inocentes. Estúpidas y descaradas. Iluminando con nuestra sonrisa allá donde vayamos. Siendo nosotras a pesar de todo lo que nos pase. 
Nos afecta lo que piensen los demás, porque siempre queremos complacer. Queremos hacer feliz al resto, aunque eso nos haga daño a nosotras. Queremos dar cariño, queremos ser mejores, y solo conseguimos caídas y penas. Llantos y rabietas. Pero ya vamos aprendiendo que todo eso no nos puede afectar. Que tenemos que ser más fuertes, más crueles y más egoístas. Y aprenderemos juntas. Las dos. 

Contigo puedo hablar de cosas que con nadie. Me comprendes en todo. En lo que hago bien y mal. En lo que todo el mundo me ha criticado, juzgado y odiado, tú me has animado, me has abrazado y comprendido y hecho reír. Mis secretos son los tuyos. Mis problemas son los tuyos, y los tuyos los míos. 

Y a pesar de haberme conocido en un tiempo en el que yo no era yo, en el que me veía perdida y cansada. Que no me apreciaba, que todo me daba igual. Tú me has dado pie a seguir. A levantarme. A animarme. A querer seguir. Y eso ha sido muy importante para mí. Porque me has querido conocer a pesar de mi mal humor, de mis pocas ganas de salir. Me has animado a seguir. A disfrutar, a no dejar perder el tiempo y a saber valorarlo. Y a valorar a otras personas que pueden entrar nuevas en mi vida, y me pueden hacer feliz de verdad. 

Me has enseñado a valorar a quien realmente se lo merece. A no dejar escapar, a saber enfrentarme, a saber decir que no, a saber ser feliz. 

Y yo quiero enseñarte que no merece la pena enfadarse, o discutir, o refunfuñar. Que si te quejas mucho, nadie te hará caso. Que tú sola tienes que hacerte valer, tienes que ser valiente y fuerte y no sufrir por tonterías ni por mal entendidos. No influenciarte por gente que "no te quiere" o que te mira con descaro. 
No debes sufrir por gente que ni siquiera sabe tu edad. No debes dejarte hundir, y yo voy a estar ahí para impedírtelo. 




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