Siempre nos han preguntado, en algún momento de nuestra
vida, ¿qué necesitamos en nuestra vida
para ser feliz? Y nosotros, por lo menos yo, nunca hemos sabido que
contestar. Cada día te hace feliz una cosa. Somos así de inteligente la raza
humana. Un lunes por la mañana, te puede apetecer que venga una persona
encantadora a tu puerta, te diga que te quiere y seáis felices para siempre. El
martes a la misma hora, sólo te apetece salir de fiesta con tus amigos, sin
nadie que te moleste. Somos así. Así de estúpidamente estúpidos. Y yo la que
más. Pero, por muchos cambios de pensamiento y de humor que tenga, siempre
tengo claras las cosas que quiero en mi vida. Y lo que debería haber en toda
vida.

La vida es muy dura y no
suele poner las cosas fáciles. Hay problemas día sí día también. Hay miedos por
no saber que va a pasar. Siempre está la inquietud ante el nuevo día que se te
presenta y nunca puedes tener claro que te sucederá, no podrás ni acercarte a
tus suposiciones, pues una palabra de alguien, una frase, un gesto, un Sol que
no se ve o una lluvia inesperada que no para, te cambia los planes que tenías.
Y para poder superar todo eso, has de tener fuerza. Una fuerza que nadie te
debe ni puede quitar. Una energía interna que te ayude a levantarte cuando has
caído. Que interiormente “algo” te diga: puedes
hacerlo. Sigue adelante. Es difícil, sí. Pero esto no es nada, aún tienes
muchos caminos que hacer, muchas aventuras que vivir. No te rindas. No lo
hagas. Sentir ese sentimiento dentro de ti es algo que todo el mundo debe
tener. Porque sí, la otra gente está para apoyarte, a ese tema ya llegaremos,
pero no siempre te dan la respuesta que te gusta, no siempre te dicen la verdad
o lo correcto para ti. Porque ellos no saben qué es lo exactamente correcto ni
perfecto y a veces, ni si quiera se acerca. Y no en todo momento, en que
necesitamos una respuesta, debemos depender de amigos, familiares y la gente
que tienes alrededor. A veces, las decisiones has de tomarlas tú solo (o tú
sola). Tienes que tener esa capacidad y para ello, es necesaria esta fuerza,
estos impulsos dentro de ti. Que te hagan capaz de tener tu propio criterio y
saber elegir. En no tener miedo ante los nuevos enigmas de esta extraña vida.
En mirar siempre hacia el futuro sin dejar de pensar en tu presente. Y todas
esas cosas que hacen difícil la vida, así de simple, se podrá superar con la
simple capacidad de a veces, saber estar solo y salir adelante.
Aunque no por decir que hay
que saber que estar solo, haya que estarlo. Es sólo una de las cinco cosas
imprescindibles que yo creo que hay que tener. Porque la segunda, como no, es
el amor. Es el tener a las personas que más quieres a tu lado.
Tener a personas a las que
puedes confiarles todo y que aunque sean cosas malas, cosas negativas y
“oscuras”, por decirlo de alguna manera, te vayan a apoyar y vayan a estar a tu
lado siempre. Tener a personas con las que puedes ser tú misma, sin preocuparte
de que pensarán de ti. Tener a personas, que quieren estar contigo. Que se
preocupan, que te dan cariño, alegrías, risas, y también llantos. Abrazos y
silencios que necesitas. Que te cuidan. Que te valoran. Te hacen saber que eres
algo en la vida de alguien.
Pero al decir esto, no te
pienses que hablo de “relaciones”, de tener una pareja. Eso es aún más
complejo. Ese amor es más distinto y único. Es una necesidad de una persona por
otra. Es una mezcla de sentimientos que eso sí que son imprescindibles en la
vida. Esas sensaciones tan buenas cuando eres la persona más feliz del mundo. Y
esos momentos de depresión y rendición cuando te hieren más que nada sus
palabras y notas como tu interior se desvanece y tus piernas se debilitan
mientras tu cabeza piensa un por qué, y tu corazón intenta asimilarlo.
Pero en resumen, estas dos
relaciones forman un solo punto de mis cinco. El amor. Que te llena y te da una
razón para seguir con tu vida. Porque tienes a gente a la que tienes que hacer
feliz. Y si no la tienes, la buscas. Porque siempre hay alguien para alguien.
El mundo es enorme, enormemente enorme. Y en cada esquina, hay una persona para
otra. Tanto para amistad como para pareja. Y tener a esas personas, hacen la
vida única, y con sentido. La hacen especial y por esas personas, vivirías
eternamente.
La tercera cosa, no por ser
la tercera es menos importante, para mí es la risa. El sentido del humor. Las
carcajadas. El dolor de barriga por reírte. Todo eso, yo lo necesito. Y por
muchas razones que puedo darte, y que voy a darte.
Es la expresión más
característica de los seres humanos y de muy pocos animales. Es decir, la risa,
nos hace únicos. Y a cada persona, más únicos aún. Para mí, es el gesto más
bonito de la persona. Aunque haga un ruido raro. Aunque le salgan patas de
gallo. Aunque no sea de mi gusto. Ver sonreír a alguien es algo maravilloso y
más, si tú eres capaz de hacerlo. Si al contar algo haces reír a la gente. O
con un gesto, haces reír a un niño inocente pero tan gracioso, que verle
sonreír te hace sonreír a ti. Y verte sonreír a ti hace sonreír a otra persona,
y así sucesivamente. La risa, es el sonido más agradable de un ser humano.
Cuando somos pequeños, es lo primero que aprendemos a hacer. Nos sale solo. Y
no porque nos enseñen, si no porque está en nuestro interior sonreír, enseñar
nuestra felicidad y hacer sonreír y feliz a los demás. A veces, es cierto, que
no quieres sonreír, no tienes ganas, no estás de humor. Tal vez porque tienes
un mal día. O porque te han pasado muchas cosas, da igual. También puede ser
porque las otras dos cosas que te he dicho te han fallado y te quitan parte de
tu felicidad y no quieres sonreír. Es comprensible. Hay etapas en la vida de
toda persona. Se es feliz o no. Y cuando no eres feliz, y no quieres sonreír,
existe un remedio para ello, llorar. Esa es mi cuarta cosa, saber llorar.

Anteriormente he dicho cosas
que nos ayudan a ser felices y a afrontar los malos momentos. Porque si no
utilizas esas cosas, no conseguirás nada en tu vida. Pero hay veces, que las
fuerzas se te acumulan en tu interior. ¿No te ocurre? Tienes una sensación de
cansancio, de miedo, de tristeza y de rabia. De dolor, y de amargura. No
quieres hacer nada. Te sientes sola, quizá, apartada. Te sientes perdida en un
mundo perpendicular a este, en el que sabes que también estás y tampoco estás
haciendo las cosas bien. La vida es así. Un viene y va de altibajos. Y no
siempre se puede poner una buena cara, y para ello, se llora. Sí, señor o
señora, se llora. No es tan malo. No es nada malo. Al contrario, es algo
maravilloso. Yo creo que en una relación, sea cual sea, amistad, pareja,
familiar… No llegas a tener la confianza completa hasta que no ves llorar a esa
persona. Expresa todo su dolor en esas lágrimas. En esos llantos. Su miedo. Sus
problemas. Y los comparte contigo. Sí, llorar tiene fama de ser vergonzoso y de
débiles, pero todo lo contrario, los débiles no pueden llorar porque no pueden
aceptar sus problemas. Los que lloran, es porque saben qué les pasa y quieren
arreglarlo, ¿cómo? Pues desahogándose con las lágrimas. Haciendo sacar todo el
dolor y quedándose en nada, para poder volver a empezar. A mí, no es que me
guste mucho la verdad. Cuando lloro, me siento que he fracasado, que no he
sabido aguantar. Pero una persona muy inteligente e importante en mi vida me
dijo: a veces llorar es necesario, aunque
no nos guste. La vida te da muchos problemas y se acumulan en tu interior.
Cuando se te juntan todos tienen que salir de alguna manera. Si no lloras, has
de gritar, y en esta sociedad y donde te encuentras, no puedes hacerlo. Tú
llora, que siempre habrá alguien para recoger tus lágrimas, eso no lo olvides
ni lo dudes nunca. Y desde que me lo dijo, lo intento hacer. Cuando tengo
ganas de llorar lloro, con alguien o sola. Y eso, me da fuerzas para después,
volver a sonreír.
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Y la última cosa, es algo
general, pero que es importante. Disfrutar. Simplemente eso. Nadie entiende por
qué vivimos el tiempo que vivimos y para qué sirve. Pero el tiempo que pasamos
aquí pasa más rápido de lo que pensamos. Y no lo valoramos. No valoramos cada
segundo de esta vida. Tenemos miedo de hacer acciones que nos causen problemas,
¿y qué? No tendrás otra oportunidad para hacerla. Porque no hay más vida que
esta ni más acciones para poder hacer. Tenemos que disfrutar, ni más ni menos,
de lo que nos dé la vida y de lo que no. Si hay buenas noticias, celebrarlas
sea como sea. Y si hay malas, encontrarles la parte positiva y celebrarlo
también, ¡¿Por qué no?! Ser espontáneos. No pensar tanto las cosas. Ser más
alocados. Porque la vida yo creo que trata de eso. De ser responsables para
poder tener un futuro, claro que sí. Pero ser responsables a la vez que cometer
locuras. Locuras de esas que te acuerdas cuando estás sentada junto a tu
marido, ya ancianos, y rodeada de nietos y les cuentas tus aventuras, tus
secretos. Para que ellos los hagan también. Para no desaprovechar lo que es
poder vivir. Y más si se tiene oportunidad.
Hay muchas personas que dan
muchos consejos y algunos son tan malos que ni quieres volver a oírlos, pero
otros, te sirven para toda la vida. Y he aquí uno, que es simple y fácil de
entender. De cumplir ya no tanto, porque las formas de hacerlo son
excesivamente difíciles y algo complejas. Pero para eso está la vida, para
entenderlas y demostrar que hemos sabido vivir.
No sufras mucho por algo sea lo que sea. No te derrumbes
nunca, pues siempre hay algo nuevo que hacer y conseguir. No desperdicies
minutos de tu vida, porque es tan valiosa como la del resto. Y ante todo,
disfruta de la vida, que parece larga y aburrida. Pero es lo más corto e
intenso que existe y que existirá.