Hoy me he despertado pensativa y tenía ganas de escribir creo, sí, de escribir. O de hablar. O de comunicarme. De algo que consista en intercambiar información y pensamientos. Y me he levantado con mil cosas en la cabeza (mil exactamente no, es una forma de hablar). Pero muchas cosas me daban vueltas por mi mente, y querían salir sí, no querían quedarse ahí dentro, pero no había nadie que me pudiese escuchar, que me pudiese comprender, así que me he sentado y he decidido escribir.
Pero al sentarme, mi mente se ha quedado en blanco, y ya no sabía de qué escribir.
¿De lo que he hice ayer?
¿De lo que pienso al levantarme en un sitio desconocido, sola, acalorada? Pero que al darme cuenta me quedo fría, perdida.
¿De lo complicado que es estar aquí, y el resto allí?
No sé, no lo sabía.
Y ahora me doy cuenta que no es más que aburrimiento, desesperación. Que me levanto y me vuelvo a sentar. Que no salgo. Que quizá en mi casa lo hacía, pero era mi casa. Y a la hora de comer tenía compañía, y con esa compañía podía ver alguna que otra película. Aquí no. Aquí me levanto sola, como sola, hablo sola, vivo sola.
Entonces he sabido que da igual de qué "crea" que quiero escribir o hablar; de qué "creo" que pienso. Porque no son más que tonterías para no darme cuenta de que no quiero hacer otra cosa que volver.
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