jueves, 28 de noviembre de 2013

Todos tenemos nuestro cable a tierra.


Porque las personas vienen y van. 
Sí, te sirven. Sí, les sirves.
Sí, te dan cariño, o alegrías, o momentos únicos quizá.
Sí, les das lo que eres. Compartes tu vida incluso cuando ellos evitan la suya. 
Cambian, cambias. Todo cambia.
Y les enseñas, algo por mínimo que sea.
Y te enseñan, inspirándote o dejándote sin importancia alguna.
Por ello todo consiste en ver, mirar, aprender y seguir. Con o sin ellos.
Pero siempre contigo mismo. 
Siempre con tu cable a tierra.
Siempre con tus propias manías, miedos o alegrías. 
Siempre con tus vicios y ascos; con tus gestos y caricias. 

Y vivir aprendiendo del todo y de la nada. 
De la falta y de la abundancia; 
de lo tuyo y del resto. 
Por ello, haz todo, y no dejes nada: 







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