Si fuese tan fácil como emborrachar a la muerte,
dejarla débil y sin poder actuar.
Poder darnos un margen más de tiempo para pensar las cosas,
para recapacitar.
Y cambiar el mundo que nos rodea, las cosas malas que sobran,
las buenas que no llegan.
Pues durante un silencio corto,
un gran ruido suena,
estremece mil corazones,
pero solo uno llora.
Llora de dolor quizá,
y de tristeza por marcharse;
llora por ya descansar,
y por en paz encontrarse.
El silencio vuelve a escucharse,
y no deja sentir nada más.
No hay palabras ni sonidos que sirvan,
pues ese dolor, no se puede nombrar.
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