En todo momento de la vida te sientes como una persona sucia y con mala suerte. Siempre piensas que no haces las cosas bien y que te podrían ir mejor. Siempre sueñas con un mundo donde todo no es que sea perfecto, pues no existe, pero si donde todo sea como a ti te gusta, de tu agrado y que te llene de felicidad el simple hecho de pensar en tenerlo. Y tantos pensamientos positivos de que todo cambiará, de que todo irá mejor. Pero todo se vuelve a fastidiar. Lo malo siempre permanece en nuestras vidas, en cada paso que damos, por más que lo intentemos, volvemos a encontrarnos con un bache. Como si fuesemos pequeñas hormigas que trabajan duro todo un día para que al terminar la jornada de trabajo, cualquier situación destroze todo el esfuerzo hecho. Para que no puedan comer. Para que al día siguiente tengan que volver a salir y volver a recolectar. Y lo hacen. Salen adelante. Esas pequeñas personitas que tendrían que ser un ejemplo a seguir. Que saben que pueden fracasar. Que saben que tienen pocas oportunidades de salir con vida. Que saben que a su vez, si no lo hacen, mueren de hambre. Que se necesitan unas a otras, para poder salir adelante. Que si caen, se levantarán por las demás. Y eso hemos de aprender. Siempre sentiremos que la vida no nos sirve de nada. Que todo lo que hagamos bien se nos arrebatará. Y puede ser. Seguro que es. Pero no por ello hemos de caer. Poco a poco, la vida nos dará lo que nos merezcamos. Y si no, te lo consigues por tus propios medios. Pero jamás te rindas. Jamás huyas. Jamás llores por perder, llora porque te has vuelto a levantar. Jamás digas jamás volverá a pasar. Porque volverá a pasar. Por eso mismo, ser como las hormigas, nos ayudará.

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