viernes, 22 de junio de 2012

Más fácil cuando éramos pequeños.

Como jugar al escondite sola.
Me encuentro girada contra la pared apoyada en los brazos y comienzo a contar.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez. Y a correr.
Salgo a buscar a esa persona que se está escondiendo de mí, pero sin saber quién es.

Busco a alguien que no conozco.
Busco a alguien que a su vez, está jugando al escondite solo, a la espera de que otra persona le encuentre.

Y ninguno de los dos espera nada más que hacer feliz al que encontremos. Que cuando le veamos, gritemos una palabra que solo él y yo sabemos. Que salga corriendo y vaya yo detrás y que, finalmente, le atrape.

Y cuando esto pasa, nos pararemos el uno frente al otro, observándonos intrigados y con temor.
Ver por primera vez su rostro, aunque me parecera que le conozco de toda la vida.
Coger por primera vez su mano, aunque cuando pasa, me sentiré más segura que con nadie.
Besar por primera vez sus labios, sintiéndo su respiración y notando que estará igual de nervioso y tranquilo que yo.

Y así podré demostrar al mundo que todo no es más que un insignificante juego al que le damos demasiada importancia.
Esa demasiada importancia hace que nos preocupemos más por el insignificante juego, lo que hace, que veamos el juego como algo muy importante y por no querer admitir que es importante, pensar que todo es un juego.

No hay comentarios:

Publicar un comentario