martes, 15 de octubre de 2013

Mi propia sombra.

Escondida bajo la sombra de una flor. 
Bajo la sombra de una flor marchitada. Que respira lentamente, que se alimenta pausadamente. 
Y ese poco aire que respira lo coge de mí, y esa forma de alimentarse lo consigue por mí. 

Porque se puede estar bajo la sombra de una flor, de manera que tú le alimentas y ella a ti. 
De manera que los dos aguantáis, os apoyáis. De manera que los dos crecéis en igualdad. 
Y al final ni siquiera te acuerdas de que estás bajo la sombra de una flor, si no que ya eres parte de esa sombra. Termino siendo la sombra de esa flor. 

Y en vez de decirme a mí misma: "levántate, sigue sin esa flor; sigue sin ella, sigue solo por ti". 
Sigo quedándome bajo ella, sigo alimentándola lentamente. 
Pues si me fuese moriría, si me fuese se apagaría completamente. 
Si me fuese, sería mi propia sombra. 

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