Llueve, llueve.
Y posiblemente algunos se alegren de ello, de su felicidad, no les importa mojarse, empaparse.
Les gustará sentir ese frescor, ese olor tras ella, y esa sensación de puro.
Mientras otros, lo toman como una caída más en su vida.
Y en vez de mirar cómo caen las gotas, miran el suelo ya mojado.
Porque podemos elegir si dejarnos ahogar,
o subir nosotros a la superficie.
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