lunes, 27 de enero de 2014

Simple life.

Mas no habrá chica más guapa, que aquella que vaya arreglada. Que aquella que vaya con sus tacones y faldas, o vestidos y medias. Que aquella que lleve maquillaje, y un peinado perfecto.
Pues no hay chica más guapa ni bella, que aquella que va impecable por la calle y no sonríe a nadie; quien no deja pasar a la gente, o quien no saluda al vecino de hace tantos años. Esa chica que sí, va impoluta a trabajar, a comprar o de paseo, pero no se le ve ningún rasgo de felicidad en su mirada, en sus labios, en su forma de hablar. Y luego cuando llega a casa, está sola con sus plantas a regar, y se hace ella sola la comida, se sienta en el sofá y ve un rato la tele. Cuando se cansa, decide acostarse, e intentar dormirse en una cama tan fría y vacía como es ella misma. Pero al fin y al cabo, es guapa como ella sola.

Y yo, sinceramente, prefiero ir con mi propia ropa, con mis propias pintas, sin arreglar o sin maquillar; sin tacones, faldas o vestidos. Sin mentiras por delante o seriedades.
Prefiero ir fea o desordenada, pero sonriendo a quien pueda; haciendo mil y una tonterías al día, para sentirme feliz al acostarme, hacer reír a quien me sea posible, para saber que he conseguido hacer feliz.

Y quizá llegar a casa y que esté la cama vacía y fría, pero esperar que con el tiempo, alguien sea capaz de compartirla con esa chica desvestida y simplona.


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