El mal presupone una determicación moral, intención y cierto pensamiento.
El que es imbécil o cafre no se para a pensar ni a razonar. Actúa por instinto, como bestia de establo, convencido de que hace el bien, de que siempre tiene la razón y orgulloso de ir jodiendo a todo aquel que se le antoja diferente a él mismo, bien sea por color, por creencia, por idioma, por nacionalidad o pos sus hábitos de ocio.
Lo que hace falta en este mundo es más gente mala de verdad y menos cazurros limítrofes.

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