Salgo de aquellas frases, escritas medio en broma y medio en serio, y vuelvo a la realidad, al Carpe
Diem y al aquí y ahora con la misma idea de antes: que se pare, que se pare esto. ¡Por favor!, que
algún gracioso le dé a esa palanca roja y pare esta máquina, o mejor aún, que lleguemos pronto a
cualquier estación y yo pueda volverme por donde he venido.
Y de nuevo: ¿quién soy yo?, ¿a dónde voy?, ¿quiero ir?, ¿quiero volver?, ¿último o primer tren?,
¿emprendo un viaje de vuelta o a partir de ahora no podré evitar viajar más y más hacia un punto de
encuentro que aún no soy capaz de ubicar?
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