Cuando te sucede algo malo, piensas que no puede haber nada peor. Que sabes que lo superarás, pero que te costará. Pero nadie tiene ni idea de lo que se puede llegar a sufrir y se piensan que lo suyo es lo peor. Hablan sobre ti sin saber nada. Y opinan sobre tus acciones sin ellos haber pasado por ellas. Se callan sus insultos y te sonríen al pasar, con la mirada de odio que nunca quieres que te llegue.
Aparentas ser fuerte y hacer que no te importa, que lo has superado o que al menos, sabes dejarlo estar.
Pero el sentimiento de culpa no se va de tu cuerpo, el remordimiento y el dolor diario de por qué te tuvo que pasar a ti, de por qué esas cosas suceden. El frío, el silencio, la oscuridad. El malestar interno cada mañana al despertar no te lo quita nadie. El nudo en la garganta al pensar en ello y saber que nunca se podrá ir. Cuando te das cuenta de que los ojos se te llenan de lágrimas por pensarlo, y lo único que puedes hacer es callártelo y respirar hondo, hacer que nadie se dé cuenta de lo que te sucede, dejando pasar la vida y los problemas, en silencio, porque nadie lo puede entender. Por muchos esfuerzos de ayudarte, de acompañarte, de consolarte, de abrazarte y decirte que todo irá bien, porque por un momento te lo puedes creer y puedes hacer que lo has olvidado, pero al día siguiente vuelve a ti, esa sensación de culpabilidad y que te destroza poco a poco, sin que puedas hacer nada.
Pero la gente no entiende eso. ¿Qué van a entender? Ellos viven encerrados en su burbuja de "vida perfecta" insinuándose al resto, creyéndose los mejores y los demás dejando que se lo crean. Ellos siempre lo hacen todo bien. Ellos nunca fallan. Ellos habrían hecho bien lo que yo "no hice". Lo que yo no hice. Lo que yo no hice bien. Lo que yo no supe valorar en una persona a la que ya no puedo darle quizá las gracias o pedirle disculpas. Yo no aprecié lo que una persona, que por ser un poco más extravagante no tuve en cuenta, me podía dar. Yo no lo hice. No le escuché. No le hablé. Le hice sombra y le hice ser olvidado. O eso se creen "ellos" y eso es lo que me terminan haciendo creer a mí. Y me lo termino creyendo. Termino pensando que nada de lo que hice valió para algo. Porque me costó muchísimo estar a su lado. Lo estuve. Intenté cambiarle. Intenté introducirle, aunque ahora veo, que quizá no lo suficiente. No aprecias a una persona hasta que no la tienes, hasta que no está ahí. No le tienes en cuenta hasta que ves que su sombra, no aparecerá más. Que no escucharás su voz por molesta que te pareciese. Y te sientes mal. Muy mal. Pero eso la gente tampoco lo ve. La carga de llevar esta "situación" te hace más vulnerable y pequeña. Te hace distinta. Te hace pensar distinto. Ya no quieres dejar a nadie de lado, pero tampoco quererle por miedo a lo que después llegue. Ya no quiero nada. Porque lo que yo quiera, es lo que él ya no puede tener. Es lo que él no puede sentir, lo que él no puede ver ni escuchar, de lo que no puede opinar. Y lo peor de todo es que eso no es desde ahora, si no desde hacía tanto tiempo, que él no vivía como vivía yo, y yo eso tampoco lo veía. Él era distinto. Era diferente. Y ahora me doy cuenta de que no vivió lo que he vivido yo, en ningún momento. No tuvo las experiencias que se han de tener. Él sólo respiraba, caminaba, nos seguía, a nosotros, a su "fuente de inspiración", a sus amigos, a lo que él pensaba que eran sus amigos.
No hay forma de expresar lo que recorre mi cuerpo. Aunque ya no sirva de mucho. Porque ya no puedo decirselo. Lo mal que te hace sentir saber que no hiciste lo posible por él, y que no puede continuar sus propios pasos, nunca más. Pero que, se le recuerda como alguien especial, que sin quererlo, ha influido en mi vida para siempre, y que por él, cueste lo que me cueste, seré mejor.
CUESTE LO QUE CUESTE


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