viernes, 27 de abril de 2012

Un poco de todo..


Siempre nos han preguntado, en algún momento de nuestra vida, ¿qué necesitamos en nuestra vida para ser feliz? Y nosotros, por lo menos yo, nunca hemos sabido que contestar. Cada día te hace feliz una cosa. Somos así de inteligente la raza humana. Un lunes por la mañana, te puede apetecer que venga una persona encantadora a tu puerta, te diga que te quiere y seáis felices para siempre. El martes a la misma hora, sólo te apetece salir de fiesta con tus amigos, sin nadie que te moleste. Somos así. Así de estúpidamente estúpidos. Y yo la que más. Pero, por muchos cambios de pensamiento y de humor que tenga, siempre tengo claras las cosas que quiero en mi vida. Y lo que debería haber en toda vida.

La vida es muy dura y no suele poner las cosas fáciles. Hay problemas día sí día también. Hay miedos por no saber que va a pasar. Siempre está la inquietud ante el nuevo día que se te presenta y nunca puedes tener claro que te sucederá, no podrás ni acercarte a tus suposiciones, pues una palabra de alguien, una frase, un gesto, un Sol que no se ve o una lluvia inesperada que no para, te cambia los planes que tenías. Y para poder superar todo eso, has de tener fuerza. Una fuerza que nadie te debe ni puede quitar. Una energía interna que te ayude a levantarte cuando has caído. Que interiormente “algo” te diga: puedes hacerlo. Sigue adelante. Es difícil, sí. Pero esto no es nada, aún tienes muchos caminos que hacer, muchas aventuras que vivir. No te rindas. No lo hagas. Sentir ese sentimiento dentro de ti es algo que todo el mundo debe tener. Porque sí, la otra gente está para apoyarte, a ese tema ya llegaremos, pero no siempre te dan la respuesta que te gusta, no siempre te dicen la verdad o lo correcto para ti. Porque ellos no saben qué es lo exactamente correcto ni perfecto y a veces, ni si quiera se acerca. Y no en todo momento, en que necesitamos una respuesta, debemos depender de amigos, familiares y la gente que tienes alrededor. A veces, las decisiones has de tomarlas tú solo (o tú sola). Tienes que tener esa capacidad y para ello, es necesaria esta fuerza, estos impulsos dentro de ti. Que te hagan capaz de tener tu propio criterio y saber elegir. En no tener miedo ante los nuevos enigmas de esta extraña vida. En mirar siempre hacia el futuro sin dejar de pensar en tu presente. Y todas esas cosas que hacen difícil la vida, así de simple, se podrá superar con la simple capacidad de a veces, saber estar solo y salir adelante.

Aunque no por decir que hay que saber que estar solo, haya que estarlo. Es sólo una de las cinco cosas imprescindibles que yo creo que hay que tener. Porque la segunda, como no, es el amor. Es el tener a las personas que más quieres a tu lado.
Tener a personas a las que puedes confiarles todo y que aunque sean cosas malas, cosas negativas y “oscuras”, por decirlo de alguna manera, te vayan a apoyar y vayan a estar a tu lado siempre. Tener a personas con las que puedes ser tú misma, sin preocuparte de que pensarán de ti. Tener a personas, que quieren estar contigo. Que se preocupan, que te dan cariño, alegrías, risas, y también llantos. Abrazos y silencios que necesitas. Que te cuidan. Que te valoran. Te hacen saber que eres algo en la vida de alguien.
Pero al decir esto, no te pienses que hablo de “relaciones”, de tener una pareja. Eso es aún más complejo. Ese amor es más distinto y único. Es una necesidad de una persona por otra. Es una mezcla de sentimientos que eso sí que son imprescindibles en la vida. Esas sensaciones tan buenas cuando eres la persona más feliz del mundo. Y esos momentos de depresión y rendición cuando te hieren más que nada sus palabras y notas como tu interior se desvanece y tus piernas se debilitan mientras tu cabeza piensa un por qué, y tu corazón intenta asimilarlo.

Pero en resumen, estas dos relaciones forman un solo punto de mis cinco. El amor. Que te llena y te da una razón para seguir con tu vida. Porque tienes a gente a la que tienes que hacer feliz. Y si no la tienes, la buscas. Porque siempre hay alguien para alguien. El mundo es enorme, enormemente enorme. Y en cada esquina, hay una persona para otra. Tanto para amistad como para pareja. Y tener a esas personas, hacen la vida única, y con sentido. La hacen especial y por esas personas, vivirías eternamente.

La tercera cosa, no por ser la tercera es menos importante, para mí es la risa. El sentido del humor. Las carcajadas. El dolor de barriga por reírte. Todo eso, yo lo necesito. Y por muchas razones que puedo darte, y que voy a darte.

Es la expresión más característica de los seres humanos y de muy pocos animales. Es decir, la risa, nos hace únicos. Y a cada persona, más únicos aún. Para mí, es el gesto más bonito de la persona. Aunque haga un ruido raro. Aunque le salgan patas de gallo. Aunque no sea de mi gusto. Ver sonreír a alguien es algo maravilloso y más, si tú eres capaz de hacerlo. Si al contar algo haces reír a la gente. O con un gesto, haces reír a un niño inocente pero tan gracioso, que verle sonreír te hace sonreír a ti. Y verte sonreír a ti hace sonreír a otra persona, y así sucesivamente. La risa, es el sonido más agradable de un ser humano. Cuando somos pequeños, es lo primero que aprendemos a hacer. Nos sale solo. Y no porque nos enseñen, si no porque está en nuestro interior sonreír, enseñar nuestra felicidad y hacer sonreír y feliz a los demás. A veces, es cierto, que no quieres sonreír, no tienes ganas, no estás de humor. Tal vez porque tienes un mal día. O porque te han pasado muchas cosas, da igual. También puede ser porque las otras dos cosas que te he dicho te han fallado y te quitan parte de tu felicidad y no quieres sonreír. Es comprensible. Hay etapas en la vida de toda persona. Se es feliz o no. Y cuando no eres feliz, y no quieres sonreír, existe un remedio para ello, llorar. Esa es mi cuarta cosa, saber llorar.

Anteriormente he dicho cosas que nos ayudan a ser felices y a afrontar los malos momentos. Porque si no utilizas esas cosas, no conseguirás nada en tu vida. Pero hay veces, que las fuerzas se te acumulan en tu interior. ¿No te ocurre? Tienes una sensación de cansancio, de miedo, de tristeza y de rabia. De dolor, y de amargura. No quieres hacer nada. Te sientes sola, quizá, apartada. Te sientes perdida en un mundo perpendicular a este, en el que sabes que también estás y tampoco estás haciendo las cosas bien. La vida es así. Un viene y va de altibajos. Y no siempre se puede poner una buena cara, y para ello, se llora. Sí, señor o señora, se llora. No es tan malo. No es nada malo. Al contrario, es algo maravilloso. Yo creo que en una relación, sea cual sea, amistad, pareja, familiar… No llegas a tener la confianza completa hasta que no ves llorar a esa persona. Expresa todo su dolor en esas lágrimas. En esos llantos. Su miedo. Sus problemas. Y los comparte contigo. Sí, llorar tiene fama de ser vergonzoso y de débiles, pero todo lo contrario, los débiles no pueden llorar porque no pueden aceptar sus problemas. Los que lloran, es porque saben qué les pasa y quieren arreglarlo, ¿cómo? Pues desahogándose con las lágrimas. Haciendo sacar todo el dolor y quedándose en nada, para poder volver a empezar. A mí, no es que me guste mucho la verdad. Cuando lloro, me siento que he fracasado, que no he sabido aguantar. Pero una persona muy inteligente e importante en mi vida me dijo: a veces llorar es necesario, aunque no nos guste. La vida te da muchos problemas y se acumulan en tu interior. Cuando se te juntan todos tienen que salir de alguna manera. Si no lloras, has de gritar, y en esta sociedad y donde te encuentras, no puedes hacerlo. Tú llora, que siempre habrá alguien para recoger tus lágrimas, eso no lo olvides ni lo dudes nunca. Y desde que me lo dijo, lo intento hacer. Cuando tengo ganas de llorar lloro, con alguien o sola. Y eso, me da fuerzas para después, volver a sonreír.

Y la última cosa, es algo general, pero que es importante. Disfrutar. Simplemente eso. Nadie entiende por qué vivimos el tiempo que vivimos y para qué sirve. Pero el tiempo que pasamos aquí pasa más rápido de lo que pensamos. Y no lo valoramos. No valoramos cada segundo de esta vida. Tenemos miedo de hacer acciones que nos causen problemas, ¿y qué? No tendrás otra oportunidad para hacerla. Porque no hay más vida que esta ni más acciones para poder hacer. Tenemos que disfrutar, ni más ni menos, de lo que nos dé la vida y de lo que no. Si hay buenas noticias, celebrarlas sea como sea. Y si hay malas, encontrarles la parte positiva y celebrarlo también, ¡¿Por qué no?! Ser espontáneos. No pensar tanto las cosas. Ser más alocados. Porque la vida yo creo que trata de eso. De ser responsables para poder tener un futuro, claro que sí. Pero ser responsables a la vez que cometer locuras. Locuras de esas que te acuerdas cuando estás sentada junto a tu marido, ya ancianos, y rodeada de nietos y les cuentas tus aventuras, tus secretos. Para que ellos los hagan también. Para no desaprovechar lo que es poder vivir. Y más si se tiene oportunidad.
Hay muchas personas que dan muchos consejos y algunos son tan malos que ni quieres volver a oírlos, pero otros, te sirven para toda la vida. Y he aquí uno, que es simple y fácil de entender. De cumplir ya no tanto, porque las formas de hacerlo son excesivamente difíciles y algo complejas. Pero para eso está la vida, para entenderlas y demostrar que hemos sabido vivir.


No sufras mucho por algo sea lo que sea. No te derrumbes nunca, pues siempre hay algo nuevo que hacer y conseguir. No desperdicies minutos de tu vida, porque es tan valiosa como la del resto. Y ante todo, disfruta de la vida, que parece larga y aburrida. Pero es lo más corto e intenso que existe y que existirá.

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