Hasta el Sol se cansa de salir, de hacer su trabajo, de tener que dar calor a toda la Tierra a cambio de nada.
Hasta el Sol tiene miedo de que se aprovechen de él. De que nadie le agradezca que cada día, esté ahí contigo y de que te dé la vida.
Hasta el Sol necesita su día de descanso por ello las nubes vienen y le cubren. Le dejan descansar. Le dejan hacerse rogar. Porque nadie echa de menos al Sol hasta que las nubes lo tapan. Hasta que llega ese día gris y frío. Ese día apagado y triste. Y cuando llega, nos damos cuenta de lo que necesitamos al Sol. De su calor. Su ternura. La alegría que nos da. El amor que nos entrega cada mañana al levantarte.
Y cuando vuelve al día siguiente, todos hacen como que él no se fue y nadie le agradece sus días bonitos y perfectos. Y así, el Sol se vuelve a cansar y les ruega a las nubes que vuelvan.
El Sol sólo desea algo de cariño también. Y cualquiera con algo de esfuerzo puede dárselo.

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