Sólo me hace falta una historia perpendicular a la mía para poder huir de mi vida.
Cuando la cabeza me da vueltas y no deja de pensar y pensar, de intentar entender cosas de la vida.
Si me siento sola, vacía, perdida, apagada, triste y desconsolada.
¿Qué mayor regalo que una historia que te dá todo lo que tu vida no tiene?
Terminas formando parte de la maravilla más grande del mundo. El poder entender sentimientos y pensamientos que otra gente tiene y que necesita darte y hacerte saber.
El amor, la alegría, el miedo, las penas, los secretos, los pequeños momentos, los pequeños detalles, las grandes aventuras y las grandes pero cortas historias.
Y no es necesario ser inteligente para ello, ni dotar de cualidades espectaculares. Porque hasta que no lo haces, no tienes nada de eso.
No es necesario el dinero para conseguirlo. No es necesario el egoísmo y el mal.
Sólo hace falta la imaginación y tener la mínima capacidad para entender lo que lees y lo que esa persona que ha puesto todo su ser en esa escritura quiere enseñarte.
Y no es nada más simple que la lectura. Que los libros y los cuentos. Aquellos que tienen cualquier tipo de sentimiento y aventura capaz de llevarte lo más lejos posible, haciéndote aprender de la manera más extraña. Empleando sencillos pero grandes instrumentales. Apreciando cada detalle por pequeño e insignificante que sea. Sabiendo que otra persona leerá esa historia, leerá esas líneas y disfrutará de lo único que puede dar un escritor.
Me hace salir de mis problemas. De los errores que he cometido. De las alegrías que ya no puedo tener. Centrándome en la que los libros hacen y tienen por mí.

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